Evolución y Retos de la Educación Virtual
Construyendo el E-learning del Siglo XXI
Capítulo II: El aprendizaje en un entorno virtual y
su protagonista, el estudiante virtual. Teresa Sancho y Federico Borges
En todos los ámbitos de conocimiento, la interacción es fundamental en
el aprendizaje. En concreto, en el ámbito científico técnico, donde muchos
estudiantes menosprecian este intercambio, hay suficiente evidencia de la
influencia de la interacción, del feedback, de la retroalimentación en
la confianza de quien aprende en sus habilidades o capacidades para el
aprendizaje.
Efectivamente, parece razonable pensar que si el estudiante se siente
más seguro, más acompañado en este proceso, las garantías de éxito en la
consecución de los objetivos (los resultados académicos) serán mayores. La
comunicación es fundamental, ahora bien, la metodología docente y el modelo de
evaluación son esenciales.
En el ámbito educativo, un acontecimiento a destacar es el desplazamiento
hacia la centralidad del estudiante y de las actividades. En esta
línea, los entornos virtuales se convierten en el escenario de
aprendizaje que puede hacer posible esta centralidad del estudiante y de
lo que hace. En torno a esta centralidad giran los demás elementos y
participantes de la educación: el docente, los recursos de aprendizaje,
la tecnología y la institución. Y la centralidad del estudiante y de las
actividades formativas todavía es más determinante en un entorno de formación
virtual, donde se puede decidir que el docente no sea el único que ejerza el
control, y donde el diseño del entorno y la acción docente favorezcan procesos
en los que los estudiantes tengan libertad de decisión y de acción.
Sin embargo, con el avance del conocimiento sobre cómo aprendemos, con
la orientación del aprendizaje hacia la realidad del aprendiz, y con la
evolución de la tecnología, la situación cambia sustancialmente y las
propuestas docentes no podrán continuar basándose en un aprendizaje centrado en
contenidos:
• Las expectativas de los estudiantes, de los docentes y de la sociedad
cambian. Eso «reordena» los roles del estudiante y el del docente.
• Se puede aprender «a distancia» sin perder la relación y el contacto
estrecho con los compañeros y el profesorado.
• La información y los recursos provienen de muchas fuentes y personas, no exclusivamente del docente.
• La distancia empieza a dejar de ser un obstáculo que a salvar, o
compensar, y se convierte en una característica del entorno de aprendizaje.
Esta reflexión sobre los retos del nuevo siglo nos lleva a centrar la
discusión sobre el aprendizaje virtual focalizando en el estudiante.
Concretamente, en dos retos importantes: a)
la centralidad del estudiante y b) su rol en la formación.
a) Nuestra sociedad necesita una estructura formativa que dé respuesta a
los requerimientos y a las características de la sociedad actual. Una formación
donde los estudiantes tengan una presencia determinada y se relacionen
intensivamente con compañeros y profesorado.
b) Nuestro estudiante tiene que ser competente de una manera determinada,
coherente con el entorno en el que aprende y las herramientas con las que
aprende.
El papel del estudiante virtual, es decir, lo que el estudiante virtual
tiene que hacer, lo que se espera que haga, tiene que hacerse explícito,
tanto a estudiantes y a profesorado como a la ciudadanía en general.
Hace falta algo más que esperar a ganar experiencia y pensar en
enfrentarse a lo que encontrará en el entorno virtual de aprendizaje. Es
necesario que el estudiante sea consciente de qué competencias precisa
para cumplir su rol, y por lo tanto, debe tener información previa de cómo
puede ser competente en las cuatro dimensiones competenciales del rol:
La dimensión instrumental: saber utilizar las herramientas y moverse con cierta comodidad por el
entorno digital
La dimensión cognitiva: competente en adquirir conocimiento
La dimensión relacional: ser competente socialmente, relacionarse con los compañeros con el fin
de establecer una comunidad de aprendizaje mutuamente enriquecedora y
La dimensión metacognitiva: El estudiante digital tiene que ser estratégico, pensar en el «cómo» y
en el «hacia dónde», es decir, autoevaluarse en las motivaciones, el ritmo de
progreso o las metas alcanzados, y en hacia dónde dirige sus esfuerzos.
Ser competente en estas dimensiones quiere decir que lo que hacen los
estudiantes sea visible, sea concreto, se manifieste en un producto o una
acción. Quiere decir mostrar una competencia suficiente, según sus necesidades
y para los objetivos formativos fijados en cada caso. Las cuatro dimensiones de
este rol son transversales a cualquier estudio, ámbito o titulación en línea y
conforman el modelo que proporciona las claves para un desempeño de calidad del
estudiante virtual. Estas dimensiones son las que nuestro estudiante digital
integra y utiliza a lo largo de su aprendizaje, sea cual sea el tipo de
actividad formativa que realice. En qué grado el estudiante virtual será
competente en cada dimensión, qué diferencias habrá entre ellas y lo consciente
que será de ello dependerá siempre de sus circunstancias y necesidades. De
hecho, una competencia no se alcanza completamente de una sola vez, es posible
alcanzar distintas habilidades en las competencias según el momento y la
necesidad.
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