domingo, 4 de marzo de 2018

Reseña 3


Evolución y Retos de la Educación Virtual
Construyendo el E-learning del Siglo XXI

Capítulo II: El aprendizaje en un entorno virtual y su protagonista, el estudiante virtual. Teresa Sancho y Federico Borges

En todos los ámbitos de conocimiento, la interacción es fundamental en el aprendizaje. En concreto, en el ámbito científico técnico, donde muchos estudiantes menosprecian este intercambio, hay suficiente evidencia de la influencia de la interacción, del feedback, de la retroalimentación en la confianza de quien aprende en sus habilidades o capacidades para el aprendizaje.

Efectivamente, parece razonable pensar que si el estudiante se siente más seguro, más acompañado en este proceso, las garantías de éxito en la consecución de los objetivos (los resultados académicos) serán mayores. La comunicación es fundamental, ahora bien, la metodología docente y el modelo de evaluación son esenciales.

En el ámbito educativo, un acontecimiento a destacar es el desplazamiento hacia la centralidad del estudiante y de las actividades. En esta línea, los entornos virtuales se convierten en el escenario de aprendizaje que puede hacer posible esta centralidad del estudiante y de lo que hace. En torno a esta centralidad giran los demás elementos y participantes de la educación: el docente, los recursos de aprendizaje, la tecnología y la institución. Y la centralidad del estudiante y de las actividades formativas todavía es más determinante en un entorno de formación virtual, donde se puede decidir que el docente no sea el único que ejerza el control, y donde el diseño del entorno y la acción docente favorezcan procesos en los que los estudiantes tengan libertad de decisión y de acción.

Sin embargo, con el avance del conocimiento sobre cómo aprendemos, con la orientación del aprendizaje hacia la realidad del aprendiz, y con la evolución de la tecnología, la situación cambia sustancialmente y las propuestas docentes no podrán continuar basándose en un aprendizaje centrado en contenidos:
• Las expectativas de los estudiantes, de los docentes y de la sociedad cambian. Eso «reordena» los roles del estudiante y el del docente.
• Se puede aprender «a distancia» sin perder la relación y el contacto estrecho con los compañeros y el profesorado.
• La información y los recursos provienen de muchas fuentes  y personas, no exclusivamente del docente.
• La distancia empieza a dejar de ser un obstáculo que a salvar, o compensar, y se convierte en una característica del entorno de aprendizaje.
Esta reflexión sobre los retos del nuevo siglo nos lleva a centrar la discusión sobre el aprendizaje virtual focalizando en el estudiante. Concretamente, en dos retos importantes: a) la centralidad del estudiante y b) su rol en la formación.

a) Nuestra sociedad necesita una estructura formativa que dé respuesta a los requerimientos y a las características de la sociedad actual. Una formación donde los estudiantes tengan una presencia determinada y se relacionen intensivamente con compañeros y profesorado.
b) Nuestro estudiante tiene que ser competente de una manera determinada, coherente con el entorno en el que aprende y las herramientas con las que aprende.

El papel del estudiante virtual, es decir, lo que el estudiante virtual tiene que hacer, lo que se espera que haga, tiene que hacerse explícito, tanto a estudiantes y a profesorado como a la ciudadanía en general.

Hace falta algo más que esperar a ganar experiencia y pensar en enfrentarse a lo que encontrará en el entorno virtual de aprendizaje. Es necesario que el estudiante sea consciente de qué competencias precisa para cumplir su rol, y por lo tanto, debe tener información previa de cómo puede ser competente en las cuatro dimensiones competenciales del rol:  
La dimensión instrumental: saber utilizar las herramientas y moverse con cierta comodidad por el entorno digital
La dimensión cognitiva: competente en adquirir conocimiento
La dimensión relacional: ser competente socialmente, relacionarse con los compañeros con el fin de establecer una comunidad de aprendizaje mutuamente enriquecedora y
La dimensión metacognitiva: El estudiante digital tiene que ser estratégico, pensar en el «cómo» y en el «hacia dónde», es decir, autoevaluarse en las motivaciones, el ritmo de progreso o las metas alcanzados, y en hacia dónde dirige sus esfuerzos.

Ser competente en estas dimensiones quiere decir que lo que hacen los estudiantes sea visible, sea concreto, se manifieste en un producto o una acción. Quiere decir mostrar una competencia suficiente, según sus necesidades y para los objetivos formativos fijados en cada caso. Las cuatro dimensiones de este rol son transversales a cualquier estudio, ámbito o titulación en línea y conforman el modelo que proporciona las claves para un desempeño de calidad del estudiante virtual. Estas dimensiones son las que nuestro estudiante digital integra y utiliza a lo largo de su aprendizaje, sea cual sea el tipo de actividad formativa que realice. En qué grado el estudiante virtual será competente en cada dimensión, qué diferencias habrá entre ellas y lo consciente que será de ello dependerá siempre de sus circunstancias y necesidades. De hecho, una competencia no se alcanza completamente de una sola vez, es posible alcanzar distintas habilidades en las competencias según el momento y la necesidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario