viernes, 6 de abril de 2018

Reseña 8


“La cultura de la Participación”
Roberto Aparici. Sara Osuna Acedo
La cultura de la participación es una de las características de las primeras décadas del siglo XXI. La cultura de la participación es aquella que no tiene barreras para la expresión ciudadana, que apoya la creatividad y la puesta en común de creaciones propias y colectivas. Los individuos creen en la importancia que tienen sus contribuciones y sienten una conexión entre lo que dicen los demás y sus propias aportaciones. Participar implica formar parte, colaborar con los demás y conformar el grupo de consenso para conseguir metas comunes. En realidad, la participación es un derecho de la ciudadanía y así debe ejercerse de forma libre, crítica y responsable en todos los sectores de la vida. La participación, como derecho fundamental reconocido en cualquier sistema democrático, requiere de un desarrollo normativo y de políticas que apuesten por el derecho de la ciudadanía. En caso contrario, la participación ciudadana no se dará en la medida deseable puesto que la propia estructura social, jerarquizada y burocratizada, permitiría escaso margen para ello.
Cultura de la participación y roles de la ciudadanía
 La participación es una forma de actuación activamente democrática y efectiva que afecta positivamente a la vida pública. La participación es una responsabilidad que supone un compromiso, un compromiso solidario y crítico con el conjunto de la sociedad, a la hora de tomar decisiones y actuaciones colectivas. A todas luces, en y con la participación, el individuo se compromete y cree en la justicia social y en el respeto a los demás con la idea de transformar la sociedad en la que vive en un sitio mejor, acorde con los derechos humanos en el contexto digital que se está construyendo y creando día a día . Asociado a esta concepción del concepto de participación se encuentra otro término fundamental, la interactividad. La diferencias entre ellos es que mientras la interactividad es una propiedad que proporciona la tecnología, la participación es una propiedad que proporciona la cultura. Ambas, interactividad y participación, son términos relacionados y dependen de la formación de las personas que las lleven a cabo. Junto a los conceptos de interactividad y participación surge el término de convergencia, que cambia radicalmente la idiosincrasia de nuestra época. La convergencia digital que se está produciendo en estos momentos conlleva tanto cambios tecnológicos como cambios comunicativos, culturales y sociales. No debemos quedarnos en la idea de que la convergencia digital implica sólo grandes avances de los soportes tecnológicos. En paralelo a los cambios derivados de que desde cualquier soporte móvil podamos desarrollar cualquier acción en el ciberespacio, aparecen nuevas manifestaciones comunicativas y culturales asociadas.
 Aunque los soportes tecnológicos estén muy desarrollados, por sí mismos no son capaces de crear el fenómeno de la convergencia de medios. Es necesario que las personas se apropien de dicha tecnología e interactúen socialmente a través de ella, por lo que podemos afirmar que la convergencia se produce en el cerebro de la ciudadanía en el momento que actúan colectivamente.
Con la convergencia digital tenemos la tecnología que hace posible la comunicación, por un lado, y las prácticas sociales y culturales desarrolladas a través de esa tecnología, por otro. Precisamente por los hábitos y las prácticas colaborativas que lleva a cabo la ciudadanía se está realizando una dinámica interna de reapropiación y resignificación de la información, del conocimiento. En esta nueva concepción de uso, los social media están siendo los vehículos por los que se ha propiciado la cultura de la participación y es donde se observa la gran mayoría de las nuevas tendencias infocomunicativas. Los movimientos como giving&partipate  participar y compartir y las nuevas figuras como el community manager o el curator se vuelven en máximas para la participación. La cultura de la participación en los social media implica los siguientes cambios:
- menos barreras para la expresión ciudadana,
- que la Web 2.0, en general,
y las redes sociales, en particular, supongan el soporte para la creatividad y para compartir conocimiento, - mayor valor para la experiencia y - valorar las opiniones y recomendaciones de los iguales como forma coconstruir una nueva sociedad más justa y democrática.
 La cultura participativa debe formar parte del currículo oculto de las instituciones educativas. Quienes se formen en ellas deben estar en contacto con este currículo para tener un acceso igualitario a las oportunidades sociales y a las experiencias que se planteen para la capacitación y el conocimiento.
Se presenta un nuevo escenario global donde surgen nuevas formas de expresión cultural, nuevas escalas de valores y nuevas estructuras de la sociedad. Se hace necesario desarrollar actuaciones comunicativas que pongan en contacto dinámicas de participación local y cercana con otras dinámicas globales y lejanas que pueden ser de dos tipos: - las que se producen de forma natural - las buscadas y que responden a una estrategia consciente, a un proceso de conexión deliberado para la discusión creativa y reflexiva.
Identidad Digital
Identidad digital es todo lo que manifestamos en el ciberespacio e incluye tanto nuestras actuaciones como la forma en la que nos perciben los demás en la red. La identidad se crea conforme vamos actuando dentro del espacio digital. Todas nuestras acciones constituyen parte de nuestra identidad, así como nuestras omisiones o todo lo que dejamos de hacer. Cuando estamos conformando nuestra identidad digital es muy importante saber que ésta es lo que somos para los demás, es decir, lo que el ciberespacio dice que somos a los demás. Todos los datos como imágenes que subimos, comentarios que escribimos, clics sobre los enlaces por donde navegamos, contexto donde interactuamos y el lugar donde estén accesibles nuestros datos nos identifican y conforman nuestro perfil digital. La gestión de la identidad digital es una nueva habilidad que debe desarrollar la ciudadanía dentro de sus competencias personales. Las habilidades informacionales, comunicativas y mediáticas se aplican a todos los niveles, cuando sentimos la necesidad de buscar información y cuando nos queremos comunicar con alguien, teniendo siempre en cuenta
En muchas ocasiones los individuos no tienen solo una sola identidad digital sino que pueden crearse varias identidades diferentes en Internet. A su vez, la identidad que una persona se crea puede coincidir o no con la identidad analógica, es decir, con las características de esa persona en el espacio físico. Cualquier persona inmersa en el espacio digital, en general, gestiona muchísimos datos que son difícilmente calculables y que es, la mayoría de las veces, incontrolable por la misma persona, por lo que se exige la necesidad de nuevas alfabetizaciones para capacitar al individuo en las nuevas demandas sociales. Uno de los requisitos necesarios a la hora de gestionar la identidad digital es que hay que estar inmersos en la propia cultura digital, participar de ella, y las personas que no tienen facilidad de acceso al ciberespacio siempre van a encontrar una brecha digital en este sentido. De aquí que podamos afirmar que el ciberespacio va a convertirse en un medio con bastante riesgo de exclusión social.
Una identidad digital bien gestionada y acorde con la identidad analógica repercute en una vida más activa en todos los ámbitos, además de consolidar un entramado de actuación más coherente. De hecho, necesitamos construir la identidad digital ligada al desarrollo de habilidades informacionales y comunicativas a través de una actitud activa en Internet, abierta y colaborativa. En la identidad digital convergen muchos aspectos de carácter sociológico, cultural y psicológico. Wood y Smith definen la identidad digital como una construcción compleja, personal y social, teniendo en cuenta que en esa construcción se incluye los matices de cómo queremos que los demás no perciban y cómo, en realidad, nos perciben. La identidad digital repercute en la identidad física o analógica y viceversa. La identidad digital no se gestiona de forma instrumental, sino que es un conjunto de habilidades que deben aprenderse a lo largo de la vida para llevar a cabo cuando el individuo esté inmerso en la cultura de la sociedad red. Para gestionar la identidad digital se hace necesario gestionar los siguientes elementos:
Visibilidad: relacionado con la actividad que genera un individuo en la red.
Posicionamiento web: 0 se basa en la cantidad y fuerza de los sitios para ser visitados por los individuos conectados a Internet que navegan aleatoriamente
Reputación: se va generando en virtud a quien habla de qué en este sitio y de qué forma, por tanto, si esa opinión se muestra en un sitio muy visible se difundirá de manera muy rápida.
y Privacidad en Internet: la alfabetización digital tiene como objetivo formar a los individuos para que sean conscientes de estos aspectos y adquieran las competencias necesarias sobre lo que pueden o no pueden compartir.
Conclusión
La participación puede ser espontánea como una marea de ideas ricas en movimiento constante y sin objetivos claros o también puede tener una identidad propia, grados de visibilidad intencionados, reputación y posicionarse en la web. En este último caso, la participación ha de constituirse en una estrategia cultural de los diferentes grupos sociales para reinventar el poder ciudadano digital.
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